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“La maniobra de Hamilton”, mi experiencia

Ayer, fui a BabyBe a hacerme la última sesión de masaje perineal y práctica de pujos antes del parto (si es que Lola no quiere retrasarse más…) Y ahí le estuve contando a Palomita la maniobra que me hizo mi ginecólogo la semana pasada, bajo mi consentimiento, para ver si conseguíamos inducir el parto, de la manera más natural posible.

Lolita se está haciendo mucho de rogar, debe estar feliz en mi tripita, tan calentita y tranquila que no le debe apetecer mucho ponerse a trabajar para salir fuera! Yo soy una persona bastante activa y se me cae la casa encima porque con esto de la fractura de tobillo no puedo hacer mucho… así que por mucho que intento moverme, buscar posturas asimétricas para ensanchar la pelvis y sea más fácil el encajamiento, posturas en las que su cabecita esté apoyada en el cuello uterino y que ese estímulo haga que sea mejor y más rápido el borramiento y la dilatación del cuello uterino… no veo el momento que llegue a tenerla entre mis brazos. A veces pienso que se va a quedar ahí toda la vida, jajaja!

Hace dos domingos, después de pasarme toda la noche vomitando (porque sigo con la dichosa hiperémesis…) escribí a mi ginecólogo la verdad que, bastante desesperada, a ver si podía inducirme el parto ya, o ver, si en mis circunstancias, me podía dar su opinión profesional de qué poder hacer…

Yo siempre he abogado porque el parto sea lo más natural posible, y nunca he estado a favor de inducirlo o programarlo (salvo en determinadas excepciones de fuerza mayor) porque creo que hay que dar paso a que la naturaleza siga su curso por sí sóla pero… la verdad es que hay circunstancias, que creo que hasta que no se viven, no se sabe bien lo que es. Y yo, ese día, me vine abajo porque me daba miedo no tener fuerzas para poder afrontar el parto.

La verdad que, lo del tobillo, ha sido una auténtica faena, con la que no contaba. Estar, como estoy, de reposo con el pie en alto y con un dolor horrible en el pubis al andar con las muletas por el peso de la pierna y la tripa que cada vez incomoda más, las manos dormidas, al apoyarme tanto en ellas, ya que apenas puedo dejar peso en el tobillo fracturado. Lolita cada vez está más grande y lo noto mucho. Hace más de 25 días pesaba unos 3,300kg, por lo que no me quiero ni imaginar el peso que habrá cogido en este tiempo. Sólo doy gracias de poder contar con el equipazo que tenemos en BabyBe, que me ha ayudado a tener el suelo pélvico fuerte y flexible de cara al parto, porque con una gordita tan gordota es esencial para evitar desgarros o los tan temidos puntos. Y por tener el marido que tengo, que me ayuda a sacar fuerzas de donde sea, aunque reconozco, que a veces el pobre no sabe cómo ayudarme más.

Para mí, aquella noche fue muy dura, el tener que levantarme corriendo para ir al baño a vomitar sin matarme en el intento, las 6 veces que me tuve que incorporar con lo que me tiraba la tripa y me dolía el pubis… Me vine abajo, muy abajo… y pensaba si Lola está perfecta, ¿por qué no puede nacer ya? Yo no aguanto más… me decía…

Recibí la contestación de mi ginecólogo, tan rápida y amable como siempre. Me quería ver, monitorizar y pensar entre los dos qué hacer… Yo confío plenamente en él y en todo su equipo, con él me formé y me especialicé cuando hice el máster de Fisioterapia Uroginecológica y Obstétrica y la verdad es que no puedo estar más tranquila y feliz con mi decisión. El día que fuimos a verle, después de unos monitores, en los que Lola se pasó frita la mayor parte de tiempo, pasamos a consulta.

Ahí, sentados mi marido y yo junto a él, me dijo lo que yo ya sabía…  El parto cuanto más natural sea va mucho mejor, ¿por qué? Porque no hay ningún problema en programarlo e inducirlo, y más si eres multípara, es decir, si ya has sido mamá antes… En mi caso, al ser primeriza, me contó que no era tan fácil, que una inducción no significaba ni parto instrumental ni cesárea, pero sí que había un % bastante elevado de que pudiese acabar así. El me aconsejó que sacase fuerzas para aguantar…

Yo sé que hay muchos métodos para inducir el parto, unos más invasivos que otros… y quería que me hiciera una en concreto, la maniobra de hamilton, de la que os hablo en este post, pero me dio cosa pedírselo.

Él me dijo muy tranquilo, Belén, lo primero que vamos a hacer es explorarte para ver cómo estás ya que, aunque estés en la semana 40, al ser primeriza, todo va mucho más lento. A mí me pareció bien porque tenía curiosidad de ver cómo estaba. En la última sesión de masaje perineal, la cabecita de Lola estaba mucho más bajita pero aún no había borrado todo el cuello del útero, eso sí estaba muy muy muy blandito y favorable… pero estaba sólo de 1cm de dilatación.

El doctor después de la exploración, me dijo que la cosa estaba bastante bien, que tenía 50% del cuello borrado y 1,5cm de dilatación, que si fuera multípara me ingresaba que podría tener a Lola en cuestión de horas pero al ser primeriza la cosa sería mas lenta… Al verme desilusionada, me dijo Belén, si tú quieres puedo hacerte la maniobra de Hamilton a ver si conseguimos desencadenar un poquito toda la preparación necesaria para la modificación y maduración del cuello uterino para el parto. Yo feliz, de que me lo propusiera le dije que sí, mi marido se reía porque sabía que era lo que yo quería y sinceramente chicas… pensaba que me pondría en 24-48h.

Me acuerdo que yo ya me iba encantada y el médico me dijo… Vamos a poner una fecha límite por si no te pusieras de parto, y yo “vale, vale”… pensando que no llegaría… jajaja!

Y aquí sigo… unos siete días más con Lolita dentro.

¿En qué consiste la maniobra de Hamilton?

Es un tacto vaginal, que está considerado en los protocolos médicos como un método mecánico de inducción al parto. Con ella, lo que se pretende es, al final del parto y siempre con el consentimiento de la mamá, desencadenar el parto espontáneo de una forma natural, provocando contracciones. Así, no se tiene que recurrir a las inducciones farmacológicas debidas a causas obstétricas como puede ser una gestación prolongada, o un feto pequeño.

La maniobra en sí consiste en introducir un dedo a través del cuello uterino e ir girando el dedo como si fuera una peonza, para intentar separar la parte de debajo de la bolsa amniótica de la pared uterina. Lo que se consigue con esto, es la liberación de prostaglandinas para la maduración y modificación del cuello uterino.

Lo importante para poder realizarla es:

  • Esta maniobra la suele realizar el ginecólogo, después de los últimos monitores antes del parto. No es necesaria ningún tipo de preparación especial. La maniobra de Hamilton se realiza en la consulta y la mamá se puede ir a casa con tranquilidad.
  • Siempre explicar a la madre la posibilidad de poderle practicar esta maniobra, si está ya salida de cuentas y prefiere intentar inducir el parto sin medicación. Para ello, es importante saber la técnica que van a realizar, aunque sea con una breve explicación, cómo se llama la maniobra, para qué se utiliza, si existen otras alternativas, qué ocurre si no se hace y qué riesgos tiene.
  • Para poder llevarla a cabo siempre es necesario estar “favorable”, es decir, si el cuello del útero tiene unas condiciones adecuadas, cómo mínimo tener cierta dilatación del cuello. De hecho, parece que cuanto mayor sea la maduración cervical, más probabilidades tiene de salir bien y de no presentar complicaciones. Se puede realizar el test o índice de Bishop, un sistema de puntuación que valora el cuello uterino, y otros parámetros como el encajamiento del bebé.
  • Avisar a la mamá que el tacto puede resultar molesto, o incluso, doloroso. En mi caso, no fue un tacto demasiado desagradable, pero es cierto que mi ginecólogo tiene fama de tener una delicadeza increíble y eso comparado con otros profesionales, se nota y mucho.
  • También será necesario, comentar, antes de su práctica, que se suele producir sangrado para evitar que la mamá se asuste o preocupe. Este sangrado es normal que aparezca en las 24 horas siguientes a que te realicen un tacto vaginal, tanto si va acompañado de la maniobra de Hamilton como si se trata de un tacto sencillo para valorar si tienes alguna dilatación del cuello del útero. El color del sangrado va del rojo intenso de las primeras horas tras el tacto al marrón oscuro al final y también notarás la expulsión del tapón mucoso o de los restos que puedan quedar de este tapón mucoso.
  • En algunas, la verdad que no es un % muy elevado, se puede romper la bolsa amniótica.

 

¿Es efectiva esta maniobra?

Es una práctica un tanto controvertida porque muchas veces se considera innecesaria. La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) señala en sus protocolos que su eficacia para iniciar el parto no ha sido bien establecida.

En mi caso, supongo que el ser primípara y estar tan poco favorable, me ayudó a la expulsión del tapón mucoso que fue esa misma noche, pero no me desencadenó el parto. Lo del tapón mucoso en mamis primerizas, no es indicativo de parto inminente, pero a mí me alegró mucho porque lo consideré como un pasito más que me indicaba que mi cuerpo se estaba preparando para el gran día. Yo estaba segurísima de que me pondría, pero también hay que darle tiempo a que la chiquitina quiera salir.

Si su eficacia es limitada y no podemos asegurar que funcione al 100% , ¿Por qué utilizarla? La respuesta es muy sencilla y clara, supone un método mucho menos invasivo, con muchos menos efectos secundarios y complicaciones que cualquier otro de los métodos con los que podemos intentar inducir el parto.

Es una buena opción para intentar que el parto empiece de forma natural cuando va llegando la fecha y parece que nuestro cuerpo no termina de decidirse por sí mismo. Si, finalmente, la maniobra de Hamilton no es efectiva y el parto no se inicia de forma espontánea antes de las 41 semanas y tres días no quedará mas remedio que recurrir a otro método de inducción.

Posibles complicaciones

Son bastante raras, pero siempre es importante saber acerca de las que son más frecuentes

  • Aparición de contracciones erráticas, muy seguidas y demasiado intensas, lo que se denomina hiperdinamia uterina
  • Rotura de la bolsa amniótica
  • Infección
  • Sangrados abundantes
  • Desprendimiento parcial de la placenta y membranas.
  • Dolor muy intenso y que no cede en la zona baja del abdomen.
  • Fiebre y malestar general

Según mi experiencia, no me arrepiento para nada el haberme hecho esta maniobra. Pero, como os cometo a lo largo de todo el post, es algo muy personal, ya que hay gente que prefiere no hacerse nada y que la naturaleza sea la que desencadene todo de manera natural, aunque desde siempre ha habido partos o mujeres a las que les costaba “arrancar”.

Los embarazos llegan a término a partir de la semana 37, pero no es conveniente esperar sin fecha límite de tiempo hasta que el parto se inicia de forma espontánea. Todas las sociedades médicas aconsejan inducir el parto diez días después de salir de cuentas, ó según las indicaciones del obstetra.

Yo siempre recomiendo que es super importante escuchar todos los motivos del profesional para querer realizarosla, y si aún así no nos termina de convencer, decirles sin ningún tipo de apuro que no deseas que te la hagan. No es un tacto normal, es un pelín más molesto, y muchas veces la practican sin permiso, o diciéndoos que os van a dar un “empujoncito”. Ahí es donde tenéis que pedir siempre que os expliquen el por qué.

En resumen, mi experiencia fue bastante buena, aunque Lola se esté demorando! Sólo espero, que después de leer esta entrada del post hayáis aprendido un poquito más sobre esta maniobra y también os haya quitado ese miedo que se tiene a estos tactos de final del embarazo.

Espero que el próximo día que os escriba, pueda deciros que la chiquitina ya está aquí!!!!

 

 

 

 

3 respuestas en ""La maniobra de Hamilton", mi experiencia"

  1. Con todo lo que dices me siento
    Identificado ya que me toca vivirlo .Todo va a salir bien , no tardará en darnos la alegría de estrenarnos como padres .

  2. Es muy interesante y útil, felicidades por el blog.

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